Señales de calma ¿Cuál es el desencadenante del mordisco?

Las señales de calma no siempre cumplen con su función

Este vídeo ha pululado por algunos círculos relacionados con el adiestramiento canino. En él se recoge una secuencia que todos hemos visto en alguna ocasión por nuestras calles y parques, pero gracias a la cámara lenta podemos apreciar muchos datos interesantes sobre el lenguaje corporal de los perros: El perro de la izquierda (rojizo) se acerca al nórdico exhibiendo todo su repertorio de señales de calma destinadas a evitar una confrontación (cabeza ladeada, orejas bajas, lametones…), mientras, el nórdico permanece altivo y dominante (orejas y rabo altos, mirada fija y directa, cabeza por encima…). Todo el proceso de “saludo canino” sigue su ritual, hasta que de imprevisto el nórdico lanza un mordisco al perro rojizo.

¿O no es tan de “imprevisto”? Gracias a la cámara lenta podemos observar que el desencadenante del mordisco no es un error o provocación del otro perro, sino un tirón de la correa (que se tensa ya en el minuto 2,13 -el perro muerde en el 2,15-). En apariencia no hay nada en el lenguaje corporal del perro rojizo que pueda desencadenar el mordisco del nórdico, no hay ningún reto ni nada que se le parezca. El desencadenante parece el tirón de la correa, tal vez el perro nórdico lo entienda como un ataque, o en la tensión del momento no sepa discernir de dónde proviene ese tirón. ¿Por qué en el cerebro del perro nórdico las continuas señales de calma emitidas por el rojizo no han surtido el efecto que debían, por qué no relaja en ningún momento su estado de alerta extrema, cuando el otro perro no supone ninguna amenaza ni se muestra en absoluto desafiante? ¿Tal vez simplemente es que el nórdico tiene problemas de socialización y no es capaz de interpreta el lenguaje de su congénere? ¿Las señales de calma no siempre surten el efecto deseado?

Más presentaciones, entre perros equilibrados

A continuación, el vídeo termina con saludos entre perros mucho más afables. El mismo perro rojizo sigue mostrándose extremadamente apaciguador, pero al contrario que sucede en la primera ocasión, el otro perro interpreta a la perfección las señales de calma y -sin bajar cola ni orejas, manteniendo su estatus- muestran con su lenguaje corporal: “comprendido el mensaje, conozcámosnos no hay problema”. Tal vez se trata de un perro con un equilibrio del que carece el primero ¿o puede que un tirón de la correa hubiera cambiado las cosas?

Fuente: Doogweb.